Para conmemorar a las increíbles mujeres y niñas en la ciencia de nuestro país
Recomendamos este estudio que nos habla sobre las discrepancias de género. No se habla de ello, pero se sabe y debemos incomodar hasta que se corrija la diferencia.
El “Diagnóstico de Género sobre la Participación de las Mujeres en la Ciencia en Panamá” recoge los resultados de una investigación realizada entre mayo y diciembre del año 2018 en Panamá. Su objetivo es medir la participación de las mujeres en la ciencia en relación con los hombres desde un enfoque cuantitativo y cualitativo. Esta investigación fue impulsada por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) y realizada con la asesoría de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede de Argentina y la Cátedra Regional UNESCO “Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina”.
Este estudio forma parte del proyecto internacional “The National Assessments on Gender and STI”, que mide la participación de las mujeres en la sociedad del conocimiento en diferentes países.
Panamá pertenece al grupo países que crearon en los años noventa instituciones cuyo objetivo era desarrollar la ciencia, la tecnología y la innovación, buscando identificar problemas como el desarrollo económico, los cambios en el ámbito del trabajo, la pobreza y la polarización socioeconómica.
En ese contexto se creó la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), en 1997, el sistema nacional científico y tecnológico no contemplaba en sus primeras fases la necesidad de construir políticas especialmente orientadas a la igualdad de género.
La Comisión de Género de SENACYT elaboró, junto a consultoras externas, lo que se dispone sobre género y CTI con el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología (PENCYT) 2010-2014. Fue en gran parte el interés de las funcionarias de SENACYT lo que hizo posible que en el plan se visibilizara el tema de género.
Según el índice de brecha de género global del World Economic Forum, Panamá ha logrado aproximadamente un 70% del camino hacia la equidad de género con una ligera mejora en los últimos años. No obstante, presenta una pérdida considerable al ser ajustado por desigualdad y la inequidad de género.
Haciendo referencia a las condiciones para la participación de las mujeres en la sociedad del conocimiento, podemos rescatar que las mujeres, al año 2018, presentan alta esperanza de vida sobre los hombres. Los hombres, en cambio muestran una tasa más alta que las mujeres, con relación a enfermedades infeccionas. Por otra parte, en cuento a la salud sexual y reproductiva, la mortalidad materna es uno de los indicadores de salud más alarmantes en el país, aunque resulta inferior al promedio de América Latina y el Caribe. Las comarcas indígenas presentan constantemente tasas superiores al promedio nacional. Un insumo fundamental para las políticas públicas relativas a salud sexual y reproductiva es la información que recoge la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (ENASSER).
A pesar de que las mujeres cuentan con buenos indicadores de salud (alta expectativa de vida saludable o baja incidencia de enfermedades infecciosas), es específicamente en la salud sexual y reproductiva donde se encuentran los principales déficits del derecho a la salud de las mujeres. La alta mortalidad materna y la maternidad temprana en Panamá ubican al país en una posición baja en el índice de desarrollo humano considerando la desigualdad de género, por tratarse estos de indicadores centrales.
En el marco de estatus social, las mujeres destinan más horas al cuidado de niños/adolescentes y al cuidado de enfermos de cualquier edad, mientras que el hombre, destinan más horas al mercado laboral.
De acuerdo con los estudios de violencia de género, Anualmente se registran entre 1 000 y 1 500 casos de sospecha de violencia intrafamiliar y maltrato al menor, de los cuales la gran mayoría de las víctimas son mujeres. Aproximadamente un 5% de las mujeres panameñas de entre 15 y 49 años reportan haber experimentado violencia sexual alguna vez, y el porcentaje es más alto en las regiones indígenas y en Bocas del Toro que en el resto del país. En Panamá se registran alrededor de 45 femicidios por año, sin tendencia de cambio en los últimos ocho años.
Las mujeres, en la dimensión del estatus económico, tiene menos participación que el hombre. El desempleo afecta más a las mujeres. No obstante, la brecha ha ido disminuyendo. Algunas ocupaciones presentan una distribución bastante equitativa de hombres y mujeres: miembros del poder ejecutivo, técnicos y profesionales de nivel medio, trabajadores de servicios y vendedores de comercio. Estas áreas presentan una distribución que varía entre el 50 y el 55% de hombres en promedio en los últimos doce años.
Dicho lo anterior, se evaluó la brecha que existe en los ingresos laborales y las mujeres panameñas reciben 62 centavos por cada dólar que reciben los hombres panameños por trabajo equivalente. En general, los hombres panameños devengan ingresos cerca del 50% mayores que las mujeres, sin tendencia de cambio en los últimos 12 años.
En el ámbito político, la participación de las mujeres es baja. Panamá ha tenido una sola presidenta, Mireya Moscoso, de 1999 a 2004. Durante los últimos 12 años, el porcentaje de ministras mujeres en Panamá ha oscilado entre el 13% y el 30%, sin una clara tendencia hacia el incremento de la participación femenina.
Estos resultados son el reflejo de la segregación que existe en la sociedad con relación al género. De acuerdo a los comentarios sobre estos resultados, mencionan la discriminación de género en el acceso a posiciones o reconocimientos por los estereotipos vigentes; culturas organizacionales machistas y androcéntricas en sus lugares de trabajo e instituciones científicas; y falta de acciones para conciliar la vida familiar y laboral, considerando que aún se encuentran vigentes los roles de género en la sociedad y en los hogares.
Los indicadores analizados muestran la existencia de brechas de género y brechas étnicas en el ejercicio de derechos básicos y, en particular, derechos de las mujeres a la salud sexual y reproductiva y a una vida libre de violencia.
Haciendo una línea de tiempo en los avances a favor de la mujer, podemos destacar:
1994: Nuevo Código de la Familiar, que reconoce igualdad de derechos entre los miembros de las parejas.
1995: Ley N°27, que tipifica los delitos de violencia intrafamiliar y el maltrato de menores.
1995: Decreto Ejecutivo N.° 70, que crea el Consejo Nacional de la Mujer (CONAMU) para orientar, coordinar y velar por el desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género.
1995: Ley N.° 50, promueve y facilita la lactancia materna y la Ley N.° 12, que aprueba la convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer Convención de Belém Do Pará.
2008: Ley N.° 71, creación del Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).
2013: Ley N.° 82, que sanciona la violencia contra la mujer y tipifica el delito de Femicidio en el Código Penal, 2013; Reglamentado en 2017.
En términos generales, se puede afirmar que en Panamá se ha avanzado en los últimos años hacia la reducción de las brechas de género en la salud, la educación o la economía. Sin embargo, se observan pocos avances en los derechos de las mujeres en al menos tres áreas críticas: la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la violencia de género en todas sus manifestaciones, y la participación política de las mujeres.
Esta segregación en la ciencia basada en sesgos vinculados a estereotipos, prejuicios y roles de género, aún muy vigentes en la sociedad panameña, e incluso entre los tomadores de decisiones de políticas públicas, se mantiene con escasa variación en el periodo que incluye este estudio.
Edición: Katiuska Chen Zou
Fuente: SENACYT Panamá, Diagnóstico sobre mujeres y CIT en Panamá.
La comunicación es el derecho que exige y hace posible que se cumplan
todos los demás derechos humanos, pero en América Latina la presencia de las
mujeres, por ejemplo, en las noticias, alcanza apenas 26% según el Monitoreo
Global de Medios (2020). Este derecho está establecido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Ley 4 de 1999, que
instituye la igualdad de oportunidades para las mujeres en Panamá.
Porque es a través de comunicar sus ideas y problemas, que las personas
existen públicamente y son tomadas en cuenta políticamente. Hoy, las mujeres trabajan por crear ese espacio igualitario de participación en los asuntos públicos,
controlados histórica y actualmente por los hombres. Se trata de la lucha por el
derecho a la palabra y por el derecho a darle sentido a los discursos, desde la
realidad de las mujeres. Y consecuentemente, por el derecho a tomar acción para
resolver los problemas que por cientos de años han afectado a las mujeres y a las
niñas, pero que no han sido atendidos porque no son comprendidos como una
vulneración de derechos sociales.
Cada vez que una niña, una joven, una mujer es violentada, discriminada,
excluida o estereotipada, se profundiza la pobreza, la desigualdad y la violencia.
Por ello el Estado tiene la responsabilidad y la obligación, de cumplir con los
derechos humanos, civiles y políticos de las mujeres, que representan por lo
menos a la mitad de la población del país.
En este sentido, la creación de un programa declarado feminista en un
medio de comunicación público, es significativo.
Tertulia Feminista, espacio radial del Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá, bajo la dirección de la Doctora Aracelly De León, fue inaugurado el 15 de noviembre de 2021, en Radio Estéreo Universidad, con el objetivo de ser un canal para conocer y pensar la realidad del país y del mundo, desde el enfoque feminista.
Esto es, con la claridad de que en la sociedad existen problemas que
afectan a las mujeres y a los hombres, pero de manera diferenciada y otros que
afectan solo a las mujeres y a las niñas. Y que esos problemas, afectan tanto a los
hombres como a las mujeres en la sociedad.
Este espacio es diferente a todos los demás, porque construye su discurso
comunicativo desde un enfoque feminista.
Plantea que se desarrollará con la participación de mujeres diversas y plurales, económica y culturalmente, desde los distintos territorios del país. Para lo cual, se propone conversar con trabajadoras, estudiantes, dirigentes, científicas, líderes sociales, tomadoras de decisiones, de comunidades indígenas, afrodescendientes, productoras, adultas mayores y mujeres con discapacidad, porque con todas sus voces, la audiencia podrá conocer a las mujeres en Panamá por lo que piensan y por lo que son, no por como las ven.
Tertulia Feminista, explica que su intención es ampliar y enriquecer el
panorama de lo público y de lo publicado. Y promete trabajar por el derecho a la
palabra de las mujeres desde el feminismo, el cual aboga por la construcción de
una sociedad donde los hombres, dejen de tener poder y privilegios sobre las
mujeres y donde tanto los hombres como las mujeres, tengan las mismas
oportunidades y los mismos derechos. Es decir, una sociedad equitativa para las
personas de todas las identidades, culturas, discapacidades y territorios. Porque
una sociedad diversa, plural y equitativa socialmente, es una sociedad rica en su
cultura y economía, pero sobre todo una sociedad en paz.
Erase una vez, en un bar del barrio, en una conversación de pintas y desestrés que un hombre amigo envuelto en su acogedora burbuja patriarcal me presenta con la siguiente premisa:
“Este tema de que hay que contratar mujeres, me parece discriminatorio. Con esa política de solo contratar mujeres, en vez de resolver se está perpetuando el problema y la discriminación.
Se podrán imaginar mi cara de perplejidad. Automáticamente sentí como las orejas se me enrojecían y los ojos me cambiaban de color. ¿En serio acabo de escuchar lo que creo que escuché?
Respiré profundo para no dejar que la ira se saliera de control. Entonces (utilizando todas las herramientas de meditación a mi alcance) logré escuchar, procesar y dejarlo ir para luego poner mis organizadas ideas en blanco y negro.
Así que aquí les va para que él o quién así lo quiera lo pueda leer:
Porque se ha comprobado que, más allá del género, que existamos más mujeres tomando las plazas de trabajo y asumiendo puestos de liderazgo, asegura un futuro más inclusivo para todas las minorías, edades y etnias.
Porque para lograr los cambios estructurales que mantienen intactos los sistemas de injusticia, debo comenzar desde adentro.
Porque al contratar a la mujer, pongo el poder de gestionar su vida directamente en sus manos y cuando las mujeres prosperamos, también lo hacen nuestras comunidades.
Porque aunque la pandemia disparó el desempleo en todas las áreas, las mayores desempleadas hemos sido las mujeres.
Porque como mujer, YO decido dar el primer paso para hacer del mundo un lugar mejor.
¿Qué logro con esta política?
Ayudo a romper la brecha de genero promoviendo otras mujeres.
Ayudo a romper la brecha salarial.
Doy visibilidad a la labor femenina.
Ayudo con el fortalecimiento de las mujeres.
Ayudo a potenciar el talento y habilidades para que puedan acceder a mejores puestos.
Ayudo a romper el techo de cristal que significa más mujeres en puestos de decisión que impulsa cambios culturales reales.
Proveo espacio seguro libre de acoso.
¿Es discriminatorio solo contratar mujeres?
¡Quizá! En cierta medida, puede ser percibido de esta manera. Pero adivinen que, esta percepción me vale 3 tacos de mierda.
Porque, dado que los hombres dominan los puestos de poder en casi todas las organizaciones, el resultado de esta tendencia en nuestra sociedad es que los hombres salgan adelante a expensas de mujeres igualmente o mejor calificadas. Así que no les cae para nada mal, tomar un poco de su propia medicina.
Por todo lo anteriormente expuesto…colorín colorado, esta explicación ha terminado.
Desde que terminaron los juegos olímpicos he estado pensando en: ¿Cómo las mujeres hemos logrado existir en las olimpiadas?
Mientras investigaba para hacer este artículo una de las cosas que pude notar, es que nadie ha contado la historia de las mujeres en el deporte, nos dejaron del otro lado de la historia. Nunca nos hablaron de la lucha que las mujeres hicieron para poderparticipar en las olimpiadas; en la escuela nuncanos hablaron de ellas, en ninguna parte nos hablaron de nuestras heroínas y es que de manera sistemática nos han borrado de la historia.
Muchas generaciones de mujeres crecimos creyendo que desde el inicio de los tiempos lo hemos tenido todo o que los hombres son nuestros salvadores, porque “son ellos quienes nos otorgaron el derecho”. Así es como siempre nos lo han vendido, pero no.
Cuando inicié a escribir este artículo lo hice muy genérico, de hecho lo hice en la misma línea que todo el mundo, simplemente: “Paridad en las olimpiadas Tokio 2021.
¡Pero vamos, que no hemos llegado hasta aquí de la nada! Si algo debe quedar claro es que, gracias a la lucha histórica de las mujeres, las olimpiadas Tokio 2021 son más igualitarias.
Desde la antigua Grecia, los fundadores de las Olimpiadaspor allá por el año 776 a.C. no permitían que las mujeres participaran, ni siquiera como espectadoras, a menos que fueran solteras; pero las mujeres griegas no se dieron por vencidas y esta discriminación las impulsó a crear una competencia femenina llamada: Los Juegos Hereos. Consistía únicamente en una carrera a pie que se dividía en tres categorías de edad; primero corrían las niñas, luego las adolescentes y, por último, las mujeres jóvenes de más edad.
Estatuilla de bronce de una corredora espartana (Museo Británico)
Aunque existen muy pocos registros sobre el tema, se sabe que tiene su origen en la decisión de Hipodamía de reunir a dieciséis mujeres para organizar la primera edición de los Juegos y a su vez hacer un tributo a Hera por su boda con Pélope.
Llegamos al siglo XIX y adivinen…
¡Se repite la historia! En las primeras Olimpiadas modernas en 1896, el Comité Olímpico Internacional, rechazaba a las mujeres excusándose en que no era adecuado para “ellas”.En respuesta a esa discriminación de géneroun grupo de mujeres atletas organizaron los Juegos Mundiales Femeninos en 1922 y 1926, ¿Alguna había escuchado sobre los Juegos Mundiales Femeninos? ¡Yo no!
“Los Juegos son la solemne y periódica exaltación del deporte masculino, con el aplauso de las mujeres como recompensa” Baron Pierre
¡Nosotras tenemos una historia!
En el año 1900 los Juegos Olímpicos – JJOO da un giro;digamos que de un giro10º, por primera vez las mujeres participaron en las olimpiadas. ¡Pero adivinen! Lainclusión de las mujeres en las olimpiadas fue EXTRA OFICIAL.En esta edición llegaron a participar un total de 22 mujeres.
Otro gran detractor, histórico,ha sido la iglesia católica. El Papa Pío XIliderabaenaquellos tiempos una campaña contra de las mujeres en el deporte, quién fracaso ante lapresión que ejercía el movimiento feminista.
Encuentro Internacional Femenino en Montecarlo
Y es aquí donde aparecen nombres tan importantes como el de Alice Milliat; ellajunto a un grupo de mujeres atletas iniciaron una importante lucha para que las mujeres participaran en los Juegos Olímpicos. Ante la negativa de Coubertin, para que las mujeres participaramos en los Juegos Olimpicos, Milliat organizó un Encuentro Internacional Femenino en Montecarlo en marzo de 1921 donde asistieron mujeres atletas de todo el mundo, el cuál fue todo un éxito.
Fundó la primera Federación Internacional de Deportes Femeninos(FSFI) que, durante más de quince años de trayectoria desarrolló un papel fundamental para la inclusión de la mujer en el olimpismo. Uno de los grandes logros de esta institución fue la organización de los Juegos Olímpicos Femeninos, cuya primera edición bajo su tutela tuvo lugar en París en 1922.
Alice Milliat fue una pionera del deporte femenino en Francia y en todo el mundo. Su presión a favor de las atletas obligó a incluir eventos femeninos en los Juegos Olímpicos. Milliat, traductora de profesión, participó en el deporte del remo y fue una ávida nadadora y jugadora de hockey. Wikipedia
Los Juegos Olímpicos Femeninos tuvo tanta aceptación de la gente, que llegaron a tener cerca de 20.000 espectadores, lo que generó el debate sobre el deporte femenino y la inclusión de más pruebas para mujeres en el calendario olímpico; fue tanto el éxito que la FSFI logró que la Federación Internacional de Atletismo les otorgó la potestad sobre las pruebas femeninas, pero obviamente el sistema no da puntada sin dedal, todo esto fue a cambio de dejar de utilizar el término “olímpico” en sus competiciones.
Los Juegos Mundiales Femeninoscada vez reunía a más participantes lo que obligó al COI a rectificar y abrir losJJOOa atletas femeninas. La participación de las mujeres en lasolimpiadasfue aumentando cada cuatro años, las disciplinas permitidas eran el golf, el croquet o el tenis.
Los JJOO de Ámsterdam 1928, contaron con la participación de casi el 10% de mujeres atletas, sin embargo el aumentó de las atletas en las olimpiadas se empezó a notar desde 1976 con un 20% ; a partir de aquí, la participación de las mujeres fue creciendo, 25% en 1988 y el 35% en Atlanta 1996. Con el tiempo la participación de las mujeres a seguido incrementando, en los juegos de Atenas de 2004 y los Bejing 2008, fue del 40% y 45%.
Finalmente llegamos a los JJOO Tokio 2021
Gracias a la lucha de mujeres como Alice Milliat, las atletas hoy representan el 49% de los competidores en las JJOO, de los 11.000 deportistas, 5.632 fueron mujeres.
Históricamente, las mujeres hemos luchado por conquistar los espacios que nos pertenecen, por ello, no debemos olvidar nuestra historia, ni a nuestras heroínas. Son ellas quienes han labrado el camino para que hoy tengamos los derechos que gozamos.
Una vez más la historia de las mujeres me reafirma que: “Cuando las mujeres se apoyan, grandes cosas pasan” CIMUF
Kinue Hitomi – COURTESY WIKIMEDIA COMMONS
Suzanne Lenglen
Germaine DeLa Pierre, ganadora de los 65 metros con obstáculos en la olimpiada femenil de 1921. Foto por Wikipedia
Es algo que me viene dando vueltas en la cabeza y como una mujer y madre feminista, con un hijo bajo mi responsabilidad y cuidado, lo debo hablar… problematizar, como le dicen mis compas más versadas🤷♀️.
Vamos a ver, ¿si no lo educo yo, si no se lo enseño yo, entonces quién? ¿Quién le va a enseñar lo que es ser feminista? ¿Quién le va a hablar de nuestra lucha? No estoy hablando de salir a la calle a hacer escuela para hombres o reivindicar abusadores; pero ¿y al mío qué? No puedo permitirme el capricho de tacharlo, de cancelarlo por el simple hecho de ser hombre y…! allá el que se joda! 🤔Entonces, ¿Quién se supone que le va a enseñar a los hombres? ¿Los hombres? ¿Un iluminado que nació con la determinación de ceder los privilegios que le ponen de regalo en sus pies?
Nadie puede vivir en una constante guerra, ni nosotras las luchonas. O sea, ya estamos en guerra con el sistema, ya estamos en guerra con el patriarcado, ya estamos en guerra con el Estado, ya estamos en guerra con una sociedad que se aferra a todos los patrones que le dan una falsa sensación de seguridad y ahora me van a venir a decir que yo tengo que vivir en guerra con mi hijo, así como si hubiera parido a un enemigo. Porque si esto es así, en vez de perder mi tiempo tratando de reivindicar nuestros derechos, ya por siglos vulnerados, mejor me pongo a planificar como acabar con el mundo🔥🌪️.
Es decir, si esto no tiene ninguna otra salida más allá de odiar a la otra mitad del mundo, entonces ¡el FEMINISMO me mintió! ¿Dónde quedó la hermosa idea de construir una mejor sociedad PARA TODOS? Porque, entonces, esto no sería estar en búsqueda de una transformación para conseguir una sociedad más justa e igualitaria, si no que simplemente estaríamos tratando de invertir los papeles. Esto nos convertiría en lo mismo contra lo que luchamos, solo que con una vagina. Así que compas…¡coherencia por favor! 💁♀️
Pero voy a ir más allá, aunque esto signifique la posibilidad de ser exiliada de la cofradía feminista. A mi esposo, ese hombre blanco, heterosexual, privilegiado, humano, honesto, amoroso y comprometido con el que tomé una decisión adulta, consiente y responsablede crear una familia, tener hijos y aportar nuevos ciudadanos al mundo, al él también le debo trasmitir esta información. Quizá se estarán preguntando ¿porqué? Pues, porque quiero que donde está creciendo mi hijo haya un buen hombre de ejemplo.
Para mí, esto es así de sencillo: o lo educo yo o lo educa el patriarcado. ¿Qué preferimos?
Imagen destacada: Durante una manifestación a favor del aborto legal y seguro en Argentina, diciembre del 2020. Créditos: Reuters / The New York Times
Hace algunos días me pidieron un artículo corto, no más de una página que explicara de forma simple ¿Qué es el feminismo?
Lo primero que vino a mi mente fue lo retadora que era esa solicitud; tres siglos de lucha de las mujeres en una página a punto 12 y espacio y medio me parecía imposible, por no decir que la idea mismaes reduccionista.
Entregar el artículo no era opcional, se trataba de una asignación académica que en ese momento me hizo un nudo en la cabeza. Tampoco tenía mucho tiempo para elaborar el artículo, pero recordé algunas amigas que decían, que el feminismo es complicado, que las feministas somos complicadas. Otras dicen estar de acuerdo con que necesitamos más derechos, pero no por eso son feministas o la mejor de todas “el feminismo no es necesario, porque las mujeres no somos discriminadas”.
Con el nudo que me generó esa simple pregunta, me di cuenta que la mayoría de las veces para hablar del feminismo nos ubicamos en la superioridad que nos da el conocimiento, en vez de explicar de manera simple que el feminismo nos ayuda a identificar y explicar las distintas formas de opresión y discriminación que sufrimos las mujeres, dándonos algunas pistas y herramientas para enfrentarlas.
Mucho se debate en el mundo sobre el feminismo, acuñándole las desgracias de la sociedad occidental, la desintegración familiar porque las mujeres decidieron tener una vida fuera del hogar y, en el mejor de los casos, se le reconocen algunas de las gracias que han permitido el avance de la condición social de las mujeres.
Un poco de historia feminista para principiantes
Durante los siglos XVII, XVIII y IXlas mujeres comenzaron a manifestarse en desacuerdo con la poca participación que tenían en los asuntos públicos, políticos y la propia autonomía sobre sus vidas. Este comportamiento socialmente inadecuado,subversivo e irritante, logró dejar en evidencia que las mujeres a nivel privado, ni siquiera eran consideradas personas o ciudadanas. Hasta ese momento eran simplemente cuerpos tutelados por hombres, cuerpos sexuados intercambiados por tierras, títulos o alianzas políticas.Aunquelas voces de esas mujeres fueron escuchadas, el costo que pagaron fue la cárcel, el destierro o la muerte.
Durante el siglo XX después de mucho análisis, encuentros, desencuentros y auto reflexiones el feminismo se transformó en FEMINISMOS,dejó de ser un movimiento homogéneo, estandarizado a la medida de un grupo específico de mujeres que pertenecían a una clase económica alta, educada y blanca. Poco a poco, se fueron sumando más mujeres que fueron reconociendootras realidades que las representaban, por ejemplo, que además de ser mujeres, también eran negras, indígenas, lesbianas, pobres ymujeres trans, realidades que no estaban incluidas en el discurso de las feministas hasta ese momento.
Estasreflexiones planteaban distintos lugares, otros reclamos y posturas que rompen con aquello que se supone definía a la mujer; es así como se asume que no existe un solo tipo de mujer, ni un solo tipo de feminismo, aquí comienza a sumarse algo que se llama interseccionalidad.
Es a mediados del siglo XX que se danlos debates filosóficos, políticos y epistemológicos dentro del movimiento feminista; así comienza el proceso de parimiento de los nuevos feminismos.
Todos estos momentos históricos para los feminismos se les conoce como las olas del feminismoy en este momento se habla de una cuarta ola, que se caracteriza por una gran movilización de mujeres jóvenes y hombres que se llaman aliados, aunque esto último es tema de debate entre los distintos movimientos.
¿SOMOS PROBLEMÁTICAS Y PELEONAS? SÍ, SÍ LO SOMOS.
En el feminismo las victorias se obtienen luchando, igual que cualquier otro grupo oprimido. Las mujeres hemos ganado nuestro lugar en la sociedad a pulso; el derecho a tener cédula, el derecho a estudiar, el derecho a ejercer nuestras profesiones, el derecho a manejar nuestro propio dinero o criar a nuestros hijos; todos estos derechos se los debemos a mujeres que fueron llamadas problemáticas, locas o frustradas.
Hasta ahora en la historia, los blancos no querían liberar a los esclavos, los nazis no querían liberar a los judíos, los colonos no querían liberar a los indígenas y lo mejor es que los hombres no querían liberar a las mujeres. Nadie quiere perder sus privilegios y nos gusta que alguien nos “atienda”, que nos sirvan.
Hoy es el siglo XXI, aunque muchas mujeres, tenemos una gran cantidad de derechos, aún falta un gran trecho por recorrer, porque, aunque se diga que ya ganamos la lucha, aún no podemos opinar sobre nuestros cuerpos, seguimos ganando 36% menos que los hombres, porque debemos trabajar en la calle y en la casa, porque los hombres solo ayudan y no asumen; porque nos siguen golpeando, matando y nadie hace nada.
Hasta ahora, cada derecho exigido es un derecho que se tuvo que luchar incluso hasta perder la vida, si fuera tan fácil como pedir “por favor” que se nos respete, tendríamos las mismas condiciones sociales y civiles que los hombres. Exigir lo que nos corresponde siempre nos ha ubicado en un lugar oscuro como locas, histéricas y problemáticas, esto se debe a que el machismo no entiende que también somos personas y somos más que cuerpos dispuestos para el sexo, la maternidad y el cuidado.
EDUCAR ES LA CLAVE, PERO LA EDUCACIÓN POR SÍ SOLA NO LLEGA A NADIE.
El subtítulo que iba a colocar aquí era “la educación es la clave”, pero en las últimas semanas he vivido situaciones que me recuerdan lo importante que son las palabras, lo importante que es asignar un responsable a las tareas.
Decir que la educación es la clave me hace referencia a una cosa lejana, abstracta, la educación como un paraguas, pero ¿Quién educa?, ¿Quién hace posible que la educación llegue a la gente?
Como inicié el texto, muchas veces las feministas nos ubicamos y hablamos desde lo que ya sabemosy esperamos que la gente también lo sepa como por arte de magia. El desdén y la discriminación también anida en nuestros mundos, podemos ser machistas, clasistas y opresoras porque fue la forma en la que nos criaron, porque la sociedad es así; no venimos de otro planeta, no nacimos feministas.
Fue mi deseo deaprender y mis inconformidades las que me llevaron al feminismo y a asumirme como tal;fueron mis maestras, hermanas y amigas las que me orientaron; ahora me toca a mí educar y apoyar a las nuevas generaciones para que sepan que todos los derechos de los gozan se deben a mujeres que se denominaban feministas, mujeres que para que nosotras estemos aquí, perdieron sus familias, su libertad, sus lenguas y hasta sus cabezas.
Por esto, es tan importante que asumamos la responsabilidad de educar desde nuestros saberes y no condenar desde nuestra arrogancia. Es nuestra responsabilidad educar a las mujeres jóvenes, educar a las que no saben, a las privilegiadas y a las que creen que no están oprimidas. Tenemos la obligación ética de enseñar la historia de nuestras ancestras y cómo hemos logrado llegar hasta donde estamos.
También nos toca educar a los hombres, que sepan que, aunque no apoyen el movimiento al menos que no estorben. Es que quien adquiere conocimiento tiene la responsabilidad de compartirlo, si fuera que todo el mundo quisiera aprender, el mundo sería otro.
Un poco de historia y de mi opinión, en lenguaje sencillo y claro. Una nota para quienes tengan interés o al menos curiosidad. Como feministas nos tocaaprender a enseñar, esta es la única manera de sumar y avanzar.
No ha sido fácil, pero conseguí el valor de decirme lo que siento para poder ser yo.
Escribir es mi escape, es mi placer. Y parece mentira, pero el hecho de que no lo quiera hacer, de que me esté costando tanto, es lo que me confirma que lo tengo que hacer. Pero no lo puedo seguir calculando, no puedo darles tanta edición a mis palabras. Necesito soltar el control, atreverme a mostrarme vulnerable y dejarlas salir desde donde vienen y sin depurarlas. Ponerlas en blanco y negro como son, con el profundo dolor que las envuelve.
Me creía invencible. Me creí un cuento que me conté, sentada en una piedra en el patio de mi abuela, varias décadas atrás, la última vez que me permití llorar sin culpa. Aún puedo sentir la soledad de ese momento. La puedo sentir, porque nunca se fue.
Aprendí a vivir con miedo, siempre con miedo, sin saber que tenía miedo. Es más, aprendí a retar al miedo; retarlo ocupa mi mente, me da propósito, me distrae. Retarlo llena mi soledad, porque eso que creen ver en mí, esa indestructibilidad, solo es el disfraz de mi soledad.
No estás sola, me digo como un grito de auxilio, con la esperanza de que en algún momento esa niña sentada en la roca lo logre escuchar. Pero este grito no es suficiente. Este grito no prueba nada. Todo está a prueba, yo estoy siempre a prueba. Y esta es una prueba que de seguro fallarán. Entonces la soledad se vuelve perpetua.
Este no es mi primer rodeo con la oscuridad, ya nos hemos encontrado en otras ocasiones, pero en circunstancias muy diferentes. Quizá esta vez me encuentra agotada de mentirme para mantenerme entera. Quizá esta vez quiera ver lo que pasa cuando me quiebro por completo y no me queda más que volverme a unir. Quizá esta vez la curiosidad de ver la nueva versión de mi vida, pueda más que el miedo a la soledad.
Suena desesperanzador, pero por primera vez tengo esperanza. He decidido no resistirme más y dejar al miedo actuar. Que venga como quiera, que estoy lista para ver qué pasa, porque una vez se toca fondo, no se puede caer más. Ya lo peor pasó, por fin veo luz.
En 1969 las mujeres negras trans y los gays afeminados enfrentaron el abuso policial en Stonewall, para luchar por nuestros derechos; hoy, 52 años después, la lucha continua, ya que, al llegar a la Asamblea Nacional para izar nuestra bandera, encontramos que la policía había cerrado las calles. Pero, nuevamente World Pride Panamá, hace historia en la reivindicación de los Derechos Humanos de la población LGBTIQ+ en Panamá, al izar la Bandera del Orgullo, sin ningún tipo de incidente, pero, sobre todo, sin dejarnos amedrentar.
Esta izada de bandera del orgullo, es un símbolo de resistencia, exige cambios en las leyes y políticas públicas que siguen excluyendo y discriminando por orientación sexual e identidad/expresión de género.
Como todos los años, el 1 de junio, izamos nuestra bandera junto con el HD Gabriel Silva, quien fue elegido Abanderado 2021, por ser la única voz que se ha levantado a favor de nuestra población y quien hizo un llamado a la sociedad en general sobre los derechos de las personas LGBTIQ+, y “que los cambios políticos se hacen en el centro político del país, la Asamblea Nacional”, ya que “tengo colegas diputados, que piensan que la igualdad y la libertad es solo para ellos y sus allegados”.
Hoy arrancamos con el Pride Panamá 2021, apostando a la educación como arma de defensa frente a la discriminación normalizada en el estado panameño. Es por esto que, como todos los años, estaremos realizando actividades educativas, culturales y promoviendo espacios laborales inclusivos; seguimos apostando a construir un Panamá que acoja a las madres solteras, proteja la niñez, respete los grupos afro, indígenas, campesinos, adultos mayores y que nos respete como población LGBTIQ+.
Al parecer, a muchas de nosotras, se nos ha dicho que envejecer no está nada cool.
¿Cómo me atrevo a ponerme vieja? Que antinatural de mi parte. Es más, me debería dar vergüenza envejecer. ¿Qué busco, volverme obsoleta y que finalmente me desechen como basura inservible? ¡Uff!, que susto. Creo que mejor me pongo juiciosa y me tomo en serio eso de “envejecer con dignidad”.
Porque, aunque todos envejecemos, nosotras debemos tener la mínima cortesía de pretender que no lo hacemos.
Miren, desde que puedo recordar, me hicieron saber lo bendecida que era al ser bonita y poder elegir al marido que quisiera. ¡Tremenda suerte la mía, ¿no?! Pero me advirtieron que, con gran poder venía una gran responsabilidad y era mi obligación, como mujer beneficiada con el privilegio de la belleza, el no permitir que mi cara omi cuerpo envejecieran.
Así que, bien mandada como siempre, cuando llegó el momento (que no demoró en llegar), inicié mi recorrido por el mundo del antienvejecimiento (industria de más de $274 billones anuales). Me puse las tetas, me recogí el pellejo y no hubo jeringa, llena de botox, rellenos y vitaminas o laser de todas las frecuencias, que no pasaran por mi cara para mejorar su textura y eliminar sus imperfecciones.
No me juzguen, entiéndanme. ¿Cómo más iba a reaccionar? Tenía que salir corriendo a ocultar el paso del tiempo.
Tenía que encontrar la manera de extender mi fecha de caducidad. Si mi valía estaba en cómo me veía, si verme siempre joven y bella representaba todo lo que era como mujer, ¿qué más me quedaba que tratar compulsivamente de controlar las variables que ponían en riesgo mi significado, mi razón de ser?
Pero el vacío no paraba de crecer, sino más bien aumentaba.
El miedo a envejecer se afianzaba con cada comentario despectivo que escuchaba acerca de una cara achurrada. El terror me invadía con cada foto de JLo o Jennifer Aniston restregándome lo incompetente que era al no lograr cuidar mi juventud (mi bien más preciado). Y un día, agotada por tratar de lograr lo IMPOSIBLE…”de pronto FLASH” (insertar canción de Luis Miguel), lo puede ver todo muy claro. No se trataba de cambiar lo que los demás veían o no debían ver en mi, sino de revisar qué hacía que me sintiera obligada a cambiar el “cómo me veía” por el “quédirán de mi”.
Y fue así como decidí que no quería seguir luchando contra mi propia piel. No iba a malgastar mi vida, complaciendo a los demás, tratando de correr el tiempo y luchando contra la muerte. Descubrí que valgo más que las arrugas de mi frente. Además, al deshacerme de tanto complejo impuesto para el beneficio de otros, fui libre de enfocar mi energía en encontrar las muchas otras cosas que si soy.
La publicidad con pleno respaldo de la sociedadestá jugando con nuestros temores más básicos, lanzando mensajes claramente edadistasy sexistas, en donde se denigra la edad y se idealiza la juventud. En ambos casos violan la realidad, mintiéndonos DESCARADAMENTE, ya que ni ser joven nos garantiza la eterna felicidad ni ser viejas nos garantiza la eterna miseria.
¿Qué tenemos que hacer para poner orgullo en tener la edad que tenemos?
Pues, ser honestas. Tener conversaciones reales, con fotos reales, con edades reales. Dejar de respaldar la mentira. Manejando nuestro miedo a envejecer. Pero no pretendiendo que no existe y tapándolo a punta de cirugías, sino hablando, sin tapujos sobre lo que REALMENTE pasa en nuestros cuerpos y en nuestras vidas a medida que los años pasan.
Cuidado, no es que ahora vamos a levantar las armas y montarle una campaña de persecución a aquellas de nosotras que optan por hacer lo que sea por no envejecer.
Recuerden que cada una es dueña y responsable de su propio proceso. Este es un trabajo personal que debe enfocarse en EL MI, en entenderme por dentro y poder amarme por fuera.